Jazzasesinato (2015), ACFV ed., Sastre, R.

Hace unas semanas un joven compañero me manifestaba su incredulidad. ¡Rafa Sastre había logrado convencerme con sus relatos!. ¡A mí!. Era realmente increíble. Él tenía sus razones, desde luego, pues conoce mi estilo y mis preferencias literarias, muy opuestas a las de Rafa, autor de la cantera de la Generación Bibliocafé. Ciertamente hay muy pocos escritores vivos que hayan logrado seducirme como lectora. El microrrelato, el cine negro, el jazz, el humor, eran para mí como el sushi, algo exótico, lejano, diametralmente opuesto a mis referentes literarios, entre los que sólo figuran libros europeos – el Fausto de Goethe, La montaña mágica, de Thomas Mann o El idiota, de Dostoievski, y un corto etcétera ( libros de ayer mismo y ligeritos, vamos). Pero con Jazzasesinato me ha sucedido lo mismo que al probar los makis, que me he sentido gratamente sorprendida. Porque cada pequeño relato es como una explosión de sabor, capaz de suscitar todo tipo de emociones. La sonrisa con relatos brevísimos como Ring o Cons-pig-ación, la amargura de las ilusiones rotas, la esperanza de las segundas oportunidades, la culpa, el peso de la justicia, pues el mal se retribuye con el mal…. Con un estilo preciso y expresiones muy originales y brillantes, -me quedo con la de insolvente sentimental, es magnífica -, a veces utilizando un lenguaje procaz, Rafael va dibujando personajes muy bien definidos, intensamente apasionados. Las mujeres de Rafa están llenas de aristas. Atrayentes, frágiles, casi siempre peligrosas, asesinas a sangre fría, las menos veces compañeras y amigas. El hombre encarna la perfecta figura del anti-héroe, del perdedor que se resiste a aceptar su destino, que persigue lo que es justo en la injusticia de la vida, luchando hasta el final. Y a veces, entre la tragedia y la crueldad, un brillo de luz, una nota sentimental que resquebraja la dureza de los personajes, habituados a debatirse en una jungla de asfalto, a devolver golpe por golpe. Por encima de todo, el humor, presente en toda la obra (aunque él divide los relatos en dos grupos, Medio en serio/ medio en broma), un humor amargo de reminiscencias quevedianas que induce a trascender los relatos, suscitando la reflexión en el lector sobre las contradicciones de la naturaleza humana. No perderemos de vista a Rafa.

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