La ciudad de la memoria y El secreto de Vesalio

Dicen que los libros nos eligen. A esta idea ya tuvimos ocasión de referirnos en la entrada anterior, a propósito del comentario de “Tras las Huellas de Heródoto” (2015), Penadés, A.. Este principio no resulta novedoso para los grandes lectores como tampoco para la literatura o  el cine, que nos ofrecen algunos ejemplos. Así, en La sombra del viento (2001) de Carlos Ruiz Zafón, ed. Planeta, el pequeño Daniel Sempere al  llegar al Cementerio de los Libros Olvidados de la mano de su padre, escoge o es escogido por un libro del misterioso Julián Carax que cambiará su vida para siempre.  En el cine, Huracán Carter (1999), interpretado por Denzel Washington en la cinta homónima, se refiere de forma literal a este axioma en una emotiva escena.

Hablamos también en la entrada anterior de la sincronicidad, definida por C.G. Jung como «la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal”[1]. Desde esta perspectiva frase“los libros nos eligen” podría ser  una experiencia sincrónica. Jung murió sin haber terminado de desarrollar sus tesis, de modo que únicamente pueden sustentarse en la observación fenomenológica.

Finalizado el verano la suscriptora de estas líneas tenía el firme propósito de empezar un nuevo ciclo tomando distancia de las novedades editoriales, tarea que resulta extremadamente ardua cuando se tienen tantos amigos con inclinaciones literarias. Ese propósito tenía el honesto fin de trabajar. Pero antes de dar cumplimiento a este noble cometido dos obras se han cruzado de sopetón en mi camino, casi de forma simultánea, resultado del encuentro personal con sus creadores. ÁLVAREZ, S., (2015), con La ciudad de la memoria, editorial Almuzara y LLOBREGAT, J., (2015), con El secreto de Vesalio, editorial Destino, han estimulado sin duda mi curiosidad lectora y activado de nuevo el interés hacia las formas narrativas actuales, entre las que conviven fórmulas tan diversas como el microrrelato y el relato breve ( SASTRE, R., (2015) Jazzasesinato, ACVF ed.) y la novela XXXL –como ejemplo, CAMPS, J, (2015) “La última confidencia del escritor Hugo Mendoza”, ed. Planeta, a la que nos referiremos en la próxima entrada-.

Los autores de los dos trabajos mencionados tienen varios nexos en común que no pueden sino reflejarse en sus creaciones. Los dos escritores pertenecen a la generación del baby boom, publican su primera novela en 2015 con gran éxito y tienen una “doble vida” profesional que compaginan con su interés por las letras. Llobregat dirige una empresa dedicada a la realización de proyectos de competitividad y desarrollo local y Santiago Álvarez, además de ingeniero y compositor, imparte talleres de literatura y es el primer profesor en España del software para escritores Scrivener, sobre el que realiza regularmente talleres presenciales en Bibliocafé. Tanto Jordi Llobregat como Álvarez son también profesores-colaboradores del curso de narrativa de Antonio Penadés. Los dos tienen algo más que les une: el  amor a la novela negra, expresado en el impulso de una interesante iniciativa cultural, el Festival Valencia Negra, complementado con su participación en diversos festivales del género –recientemente, el de Getafe (octubre 2015) o la Jornada sobre novela negra organizada por el Ayuntamiento de Córdoba (noviembre 2015), ésta última con la presencia de Santiago Álvarez, ganador de la medalla de oro como título más visitado en 2015 de la revista Sólo Novela Negra-. La inclinación hacia el género negro se ha proyectado indudablemente en sus respectivas primeras obras.

Tanto La ciudad de la memoria como El Secreto de Vesalio han sido objeto de numerosas reseñas, lo que acredita su interés para el lector consciente. En el caso de Álvarez, S., éstas pueden consultarse en http://www.detectivemejias.es/sala-de-prensa/resenas/. Respecto de Llobregat, J., www.planetadelibros.com/;www.elplacerdelalectura.com; www.culturamas.es/…/ etc. entre otras muchas.

ÁLVAREZ, S. (2015), en La ciudad de la memoria, editorial Almuzara, 400 págs, nos ofrece un cóctel de aventura, historia, crítica social y reflexión sobre las complejidades de la naturaleza humana que no deja margen alguno al aburrimiento. De la mano del peculiar detective Mejías, un personaje anacrónico que tiene mucho de D. Quijote moderno, el escritor nos introduce en la investigación de un enigmático asunto que implica a los Dugo-Escrich, familia propietaria del mayor grupo empresarial valenciano. En su aventura le acompaña Berta, estudiante universitaria de periodismo, una joven responsable y hasta cierto punto corriente, patito feo empeñado en aprender lo que no viene en los libros. Berta, nacida en plena era Internet, actúa como contrapunto de Mejías y aporta al dúo (padre/hija; mentor/discípulo) un toque de modernidad y, por qué no, de objetividad y sensatez. A ambos se añade Zero, un gato callejero que allana el despacho-vivienda del detective para acompañarle en sus soledades.

El título de la obra, muy acertado, nos hace recordar la influencia del pasado sobre el presente. Como diría Borges, “somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”. Ese es el secreto del tempus narrativo, partir del presente hacia el pasado para volver de nuevo al presente. En ese viaje en el tiempo nada es lo que parece. Berta y Mejías deberán superar diferentes pruebas, enfrentarse a situaciones estrambóticas (v. gr. la del yaco, que da inicio a la aventura), resistir persecuciones en coche o incluso sobrevivir a accidentes mortales. Pero también encontrarán manos amigas, como la del Manuel, el gitano del rastro, personaje entrañable, reflejo de la injusticia vital y social. Las pistas irán conduciendo paulatinamente a la resolución del enigma desencadenante de la historia, que con total seguridad dejará al lector completamente perplejo.

La influencia del cine negro se deja sentir no sólo sobre el personaje central de Mejías, reflejo de Bogart, sino que condiciona toda la obra. De hecho, la primera pregunta que lanza el detective a Berta es “Te gusta el cine?”-luego se verá la importancia de esta pregunta aparentemente extraña-. Cada capítulo, además, comienza con una cita extraída de una película del género. Las descripciones, detalladas pero con la adjetivación justa, y los diálogos, muy fluidos, suscitan en el lector la impresión de enfrentarse a una escena de película, al igual que los informes falsos del detective, que recrean un mundo hecho a su medida, situado al margen del tiempo.

La crítica social es patente en la obra de Álvarez, donde no sólo se refleja lo inhumano de un sistema basado en el materialismo y la tecnología, sino que se abordan aspectos que sacuden nuestra actualidad, como las complejas relaciones en el ámbito de la empresa familiar y las luchas de poder, o las relaciones entre empresa/Administración pública, salpicadas por la lacra de la corrupción.

Pasiones humanas como el amor o la venganza ocupan una posición fundamental en la obra, como también la lealtad y la amistad. No podía faltar al menos un triángulo amoroso, en cuya base radica la motivación del villano (Ernesto Blanch, un muerto que no está muerto/ Esperanza/”Rey Arturo” sustituido después por el triángulo Rosita/Mercedes/ Rey Arturo). De interés la aparición en escena de femmes en apariencia fatales (Ángela, todo un reto para el detective), que explotan el lado más humano e instintivo del detective, no sin una cierta dosis de humor.

Destacables por su originalidad las dieciséis reglas de Mejías, expresión de un pensamiento humano que puede considerarse universal.

LLOBREGAT, J., (2015), El secreto de Vesalio, editorial Destino, 540 pp., (en adelante El secreto…) nos propone, por su parte, una aventura que nos traslada a la Barcelona de 1888, escenario de unos crímenes rodeados de un halo de superstición atribuidos a un ser sobrenatural, el Gos Negre. La historia comienza con el regreso a la ciudad de Daniel Amat, joven profesor universitario en la ciudad de Oxford. La vuelta de Daniel está condicionada por un hecho fortuito, la muerte de su padre en extrañas circunstancias. La necesidad de resolver el misterio que rodea a este óbito es el inicio de una búsqueda que llevará a Daniel a enfrentarse a diversos sucesos terribles que marcaron su pasado y al descubrimiento del Liber octavus de Vesalio, manuscrito que puede cambiar la historia de la humanidad. En esta aventura cuenta con la ayuda del periodista Fleixà, un reportero de vida irregular obsesionado con la idea de encontrar una noticia que cambie su suerte, y de Pau Gilbert, un misterioso estudiante de Medicina dotado de un cerebro privilegiado capaz de suscitar todo tipo de envidias. En el libro de Llobregat la Medicina juega un papel relevante no sólo porque Vesalio fue el primer anatomista de la historia sino porque el autor ubica la obra en un período de grandes cambios en esta disciplina, que a partir de esta época comienza a focalizar su interés en los cuidados paliativos.

Uno de los aspectos más destacables en la obra es la elección del espacio físico y de la cronología. La Barcelona de la Exposición Universal es el reflejo de la España de la Revolución Industrial, con una burguesía rica y floreciente. Llobregat nos muestra con maestría una ciudad europea en pleno proceso de crecimiento, empeñada a adaptarse los tiempos modernos, donde el progreso convive con el mal. En la medida que se articula como ciudad europea ni siquiera carece de un asesino en serie, como sucede en Londres con Jack el destripador o en París, con los crímenes de la Rue Morgue. Frente a la modernidad, conviven la superstición y lo sobrenatural, lo mágico.

Ciertos mitos universales y arquetipos cobran un especial relieve en El Secreto…. como  el mito universal de la muerte/resurrección, presente asimismo en Shakespeare (Romeo y Julieta), o en el Frankestein de Mary Shelley, entre otros ejemplos; o el de la prostituta redimida por amor  en el personaje de Dolors, que reconduce a la figura de María Magdalena. Es llamativo que en el trabajo de Llobregat la relación con el padre o, mejor dicho, la ausencia o la dificultad en la relación, se erija en un tema sino fundamental cuando menos relevante. La búsqueda de la figura paterna, presente también en la obra de Julio Verne, es lo que impulsa a Daniel Amat a volver a Barcelona y emprender una aventura de reminiscencias homéricas.

La lucha entre el bien y el mal se refleja en toda la obra[2] . El contrapunto del héroe (o mejor dicho, anti-héroe) se perfila como un individuo aliado con el mal y dominado por él cuando no decididamente perturbado. Por este motivo el mal, realizado de forma consciente, se desencadena ante deseos o motivaciones aparentemente pueriles que reconducen a pulsiones primarias: Bertomeu, condicionado por su deseo de reconocimiento; Fenollosa, que actúa movido por la envidia, etc…En El Secreto… es muy frecuente la aparición de la sombra (Amat/Bertomeu; Fluixà/LLopis; Fenollosa/Gilbert…), que estimula a los personajes principales para pasar a la acción.

En lo que a estructura narrativa se refiere ambos trabajos reproducen en lo esencial, con ligeras variantes, el patrón del viaje del héroe. El personaje central, que en los dos casos arrastra un pasado complejo del que pretende zafarse en una huida hacia delante, se sumerge en una búsqueda que atrapa al lector desde el principio. En el transcurso de la aventura surgen aliados, antagonistas y obstáculos. A la par que resuelve el misterio y se enfrenta a los obstáculos el héroe, ayudado por los aliados, irá descubriendo su propio valor. Los principales inconvenientes desde el punto de vista de la lectura surgen a causa de la superposición de tramas, que se entretejen de forma innecesariamente compleja.

El acierto de estos trabajos y su éxito radica a nuestro juicio en los personajes protagonistas, en sus personalidades atormentadas, en el acertado retrato de su evolución personal y en la elección de los escenarios principales donde se desmadeja el ovillo de la trama, Valencia y Barcelona, elevadas al nivel de ciudades cosmopolitas donde suceden historias dignas de ser contadas. La tríada Daniel Amat, Pau Gilbert y Fluixà, en la obra de Jordi;  la pareja Berta y Mejías en la de Santiago nos proporcionan personajes tremendamente atractivos, llenos de claroscuros y contrastes. Su historia personal, sus reflexiones, su forma de ver la vida, sus ideales, sus derrotas y sus victorias, sus desalientos, sus golpes de fortuna, la forma de afrontar los obstáculos que se presentan en el camino, su resolución, el no abandonar, resultan desde nuestro punto de vista más interesantes si cabe que sus andanzas y aventuras en pos de la resolución de un misterio. Porque en este caso el misterio actúa únicamente como acicate para que estos personajes se revelen al lector en toda su riqueza.

Secretos, mujeres de rompe y rasga, acción, misterio, historia, medicina, corrupción, amores posibles e imposibles, desamores, triángulos amorosos, parejas de dobles…..¿qué más se puede pedir? Quizá únicamente las respectivas secuelas. Los finales de estos libros no son cerrados. De hecho nos consta que Santiago Álvarez ya trabaja a toda máquina en su segundo manuscrito, importunado de cuando en cuando por su gatita, ¿alter ego de Zero?.

Para finalizar, una reflexión. Los libros nos eligen porque tienen algo que decirnos. A veces un libro nos muestra una frase que resuelve nuestras dudas más íntimas. Un libro puede ser el amigo que señala un pensamiento equivocado, la mano que nos ayuda a tomar decisiones o que nos incita a rescatar viejas promesas que hicimos en algún momento, hoy sepultadas por el paso del tiempo.

Dicen que nuestros pensamientos pueden ser capaces de modificar la realidad circundante. No es una reflexión propia del ideario Disney (you can win) sino que nos remite a la sabiduría más antigua (Marcos 11:20-24 y Mateo 21:19-22). Cada uno de nosotros podemos escribir nuestra propia historia personal. Ustedes, ¿se atreven a exponerse? Recuerden: Mejías, regla número 12.

[1] [1] Obra Completa de Carl Gustav Jung. Volumen 8. La dinámica de lo inconsciente: Sincronicidad como principio de conexiones acausales. Sobre sincronicidad, página 436, § 849. Madrid: Trotta, 2004. Esta obra fue publicada junto a una monografía de Wolfgang Pauli.

[2] Frente al concepto de mal radical kantiano recordemos el concepto de mal banal, en palabras de Hannah Arendt, Eichman en Jerusalem, (2003) ed. Lumen. Para Arendt, sólo el bien puede ser radical.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s