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SASTRE, R., SUEÑOS Y DESATINOS (2015), ACFV editorial

CIENCIAS VERSUS LETRAS: RAFAEL SASTRE y SUEÑOS Y DESATINOS (2015), ACFV editorial, Madrid, relata,151 páginas.

Alicia García Herrera

 

La reforma de la Universidad Española a mediados del siglo XIX estableció la diferencia entre las ramas de ciencias y las ramas de letras. Los primeros pasos tendentes a esta dicotomía se dieron entre 1842 y 1843, con la reestructuración de los estudios de Derecho y Filosofía y la unificación en una sola facultad de las disciplinas de Medicina- Farmacia. Las restantes materias que no correspondían a estas ramas del conocimiento se aglutinaron en la Facultad de Filosofía. Más tarde, en 1857, con la Ley Moyano, una de las más importantes en la historia de la educación española, nace la Facultad de Ciencias, diferenciándose de la de Filosofía y Letras. En esta fecha el bachillerato se separa definitivamente de la Universidad y pasa a estudiarse en los institutos.

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El divorcio epistemológico entre las ramas de ciencias y letras se superpone históricamente a la llegada a España de los primeros ecos de la Revolución industrial. La Universidad como foco de cultura no puede sino reflejar los cambios sociales e incluso debiera constituirse, y de hecho ha sido así tradicionalmente, en su principal adalid, todo ello sin perjuicio de garantizar el acceso, la calidad la equidad y el aprendizaje a lo largo de toda la vida (v. 37ª reunión Conferencia General de la Unesco, que establece estos objetivos para 2014/2021). La mayor necesidad de especialización, resultado de la innovación tecnológica, de las invenciones y las necesidades derivadas de industrialización paulatina, con la división del trabajo, propician durante el siglo XIX un auge de las disciplinas ubicadas en el ámbito de las ciencias, que comienzan a adquirir un prestigio creciente a causa de su mayor utilidad en aras al ansiado progreso. En el siglo XX la especialización se extiende también a la enseñanza secundaria, de modo que en 1953 el Bachillerato Unificado Polivalente se desgaja en las ramas de ciencias y de letras. En la actualidad la tendencia a valorar la especialización frente a la universalidad del conocimiento no ha hecho sino acentuarse, como acreditan los cambios normativos en la LOMCE, generadores de una fuerte polémica social en pro de la defensa de las humanidades –como exponente, recordemos los últimos Premios Princesa de Asturias, con el discurso de Emilio Lledó, a quien me unen de forma indirecta ciertos lazos de afecto a través de una de sus antiguas alumnas (Platero para D. Emilio, por pequeña y suave) -.

Las limitaciones recientes en la oferta educativa oficial acerca de aquellas disciplinas consideradas poco útiles encuentran su razón de ser en el proceso de cambio de las estructuras sociales. El auge de la tecnología ha permitido indudables mejoras en nuestra calidad de vida. En el ámbito de la comunicación la innovación tecnológica, con la reducción de componentes, ha permitido una auténtica revolución digital -1969 marcó un hito no sólo por la llegada del hombre a la luna sino por constituir el momento histórico en que surgen las bases que permiten el nacimiento del fenómeno Internet-. Las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) han permitido sociológicamente el paso de la sociedad post-moderna a una sociedad en red, como afirma Castells [1], que impone nuevos requerimientos. Los avances en biotecnología ofrecen un horizonte inabarcable. En este proceso las humanidades se han ido sacrificando del ámbito del conocimiento, olvidando que son las humanidades, pese a su aparente “inutilidad”, lo que nos hace ser verdaderamente humanos y que todo exceso de especialización tiene sus riesgos, como ya advirtiera Charles Chaplin en su película Tiempos modernos.

Las figuras del soldado-poeta de que nos hablara Cervantes en su famoso discurso de las Armas y las Letras (El Quijote, (1605), capítulo XXXVIII, primera parte), del científico o del médico literato (desde Ctesias de CNido, San Lucas, pasando por Avicena hasta llegar nuestro amigo Francisco Javier Tostado), del abogado amante de la prosa y la poesía (Goethe, Balzac, Víctor Hugo, Alejandro Dumas, Tolstoi, Voltaire, Proust o Vargas Llosa y John Grisham) al del funcionario escritor, como el caso de Kafka o del propio Cervantes, nos hacen recordar que la cultura puede ser universal, aunando lo útil con aquello que enriquece el alma, creando sinergias que dan lugar a lo que Wilson ha llamado de forma acertada consiliencia [2]. Una gran cantera de escritores amigos responden a esa visión integradora. Cito, aun a riesgo de olvidar alguno, a Mariano Mandurga Sanz, Jefe de Servicio de Coordinación del SEFV, división de Farmacoepidemiología y Farmacovigilancia AEMPS , con la obra colectiva Hydra Verde (2015), que se presenta el día 19 de enero en el Ateneo de Madrid; Fernando Martínez López, químico, con Tu nombre en tinta de Café, ganador de diferentes galardones literarios; Antonio Garrido, profesor e ingeniero en la UPV, con su novela El último paraíso, que ha gozado de una amplia difusión ; Bruno Nievas, pediatra, con Lo que el hielo atrapa; Chema Lagarón, doctor en ciencia de polímeros, investigador, conferenciante y poeta con la Luz del Callejón; José Lapaz Romero, poeta y abogado y un largo etcétera. En esa visión integradora del conocimiento no podían faltar los expertos en economía. El conocimiento directo me lleva a afirmar que las Facultades de Economía españolas encierran en sus paredes grandes talentos y personas con una indudable vocación investigadora. La economía, aun siendo una disciplina de estudio relativamente novedosa, ha dado lugar en nuestro país al menos a un gran escritor, como es el caso del fallecido José Luis Sampedro. Su obra más entrañable, La sonrisa etrusca, se erige como un canto a la ternura que casa mal con la aridez aparente de los números. La crisis económica ha convertido a los economistas en los nuevos gurús del conocimiento, no sin una cierta razón. Al margen de Sampedro, una prueba fehaciente de la inclinación por los economistas y estudiosos del mundo de la empresa hacia el mundo de las letras lo constituye  Joaquim Camps. Su obra La última confidencia del escritor Hugo Mendoza, Planeta, 2015, ha sido un auténtico boom editorial -y sabemos de muy buena tinta que prepara nueva obra-.

En este maridaje aparentemente contradictorio entre ciencias y letras resulta de lo más sorprendente hallar un escritor ligado a uno de los sectores más alejados del mundo literario, los Bancos. Si la crisis ha concitado la atención del público en la economía también lo ha hecho sobre las entidades bancarias. Las ejecuciones hipotecas masivas, los escándalos de las preferentes, las tarjetas black, han contribuido a incrementar aún más si cabe la connotación negativa acerca las entidades bancarias y por extensión a las personas que trabajan en su seno. Tampoco la literatura nos ha dejado una buena opinión de los hombres de banca (El principito, A. de Saint Exupèry, capítulo XIII, el hombre que cuenta las estrellas).

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“El cuarto planeta estaba habitado por un hombre que sólo contaba números y ni siquiera saludó al Principito, su suma llegó a millones y el Principito le dijo pero millones de qué pero el hombre no le respondió y el Principito le siguió preguntando hasta que le dijo que contaba las estrellas y que eran suyas y las dejaba en un Banco…”

 

En este contexto Rafael Sastre Carpena, conocido como Rafa Sastre (Valencia, 1959), hombre adscrito en su vida profesional al mundo de las finanzas, se esfuerza en demostrar una vez más que la consiliencia es posible. La vocación narrativa de este nuevo escritor valenciano no resulta en absoluto reciente. Rafa Sastre ha colaborado habitualmente en diversas publicaciones digitales, como Falsaria, el Periódico La Verdad de Sahuayo de Morelos – México, Letralia, de Venezuela, La Esfera Cultural, El Relato del Mes y Ciencia, Filosofía y algo más, de Valencia (Venezuela). Asimismo impulsa y coordina la revista digital Valencia Escribe (http://valenciaescribe.blogspot.com.es/), proyecto nacido en diciembre de 2014 en el que conviven escritores profesionales con escritores noveles de poesía y relato corto. Esta iniciativa constituye una indudable plataforma de expresión. Recordemos que el derecho a comunicar vivencias, experiencias, creaciones, es un derecho considerado humano, como es una libertad fundamental la libertad de expresión.

El compromiso de Rafa con las causas sociales ha quedado reflejado en los libros colectivos: Bocados Sabrosos II (2012 – Editorial ACEN), Libro solidario; Bocados Sabrosos III (2013 – Editorial ACEN), Libro solidario; Revista literaria Falsaria – Cuarta Edición (Mayo 2013) y Séptima Edición (Junio 2014); Érase una vez un microcuento (2013 – Ed. Diversidad Literaria); Antología de realismo sucio – Homenaje a Bukowski (2013 – Editorial Artgerust); Generación Bibliocafé – Animales en su tinta (2013 – Editorial Jam); Certamen de Microcuentos Fantastic’s – La Parca de Venus y otros cuentos (2014 – Editorial Creamos talentos literarios). A estos trabajos cabe sumar“23 relatos sin fronteras” (2015) y “Relatos encapsulados”, realizado para el Congreso Nacional de Farmacia Hospitalaria de noviembre de 2015, obras colectivas editadas por Bibliocafé, con Mauro Guillén al frente.

Su primer libro en solitario llega en 2015 con Jazzasesinato, ACFV relata, una colección de relatos y microrrelatos ambientada en el mundo del cine negro. 2015 parece ser año “rafasastriano”, puesto que a estas obras cabe sumar Sueños y desatinos (2015), publicada al igual que Jazzasesinato por el sello ACFV. En proyecto, otros dos libros de Generación Bibliocafé: Relatos en Blanco y Negro, donde los autores construyen historias a partir de fotos antiguas de Valencia y otra obra solidaria-, sin título todavía, que saldrá a lo largo de 2016 y cuyos réditos se dedicarán a la Fundación que sostiene un geriátrico en San Antonio de Benagéber.

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Con SUEÑOS Y DESATINOS (2015), ACFV editorial, Madrid, colección relata, 151 páginas, el autor repite el sello editorial de su primera obra en solitario, ACFV. ACFV, es una editorial empeñada en rescatar obras literarias que, a pesar de su gran calidad narrativa, han tenido una repercusión menor a consecuencia de las condiciones del mercado, como una difusión inapropiada a causa de la eterna lucha entre editores y distribuidores. Esta editorial, que cuenta  con autores muy prometedores, como el argentino Guido Finzi, ha sido la elegida por el escritor valenciano para ver materializado su afán creativo.

Sueños y desatinos se articula como una colección de relatos y microrrelatos en la que el humor y la crítica se combinan en un cóctel que invita a reflexionar sobre complejidades del alma humana y las absurdidades de una sociedad profundamente materialista (véase, por ejemplo, La peste, donde se aúnan ambas). Se trata de pequeñas piezas que llegan al lector como un dardo, idóneas para este tiempo en el que la rapidez y las prisas inundan nuestras vidas.

Reiterando la estructura dicotómica de Jazzasesinato, la obra diferencia el mundo de los sueños, de lo que el autor califica como desatinos, los desaciertos, los errores de juicio que ocupan significativamente un mayor número de páginas. En esta obra, sin embargo, abandona el mundo del jazz y del cine negro para traernos un reflejo de lo cotidiano, de la realidad circundante a través de un lenguaje preciso y depurado. En este sentido no se diferencia de autores icónicos como Auster o Amos Oz, que también parten de la realidad en sus obras.

El mundo onírico que nos propone Rafa Sastre entreteje realidades con el mundo de los sueños, construyendo un universo de tintes borgianos donde el tiempo es relativo. La obra arranca con un microrrelato en el que con una sola línea y una capacidad de síntesis envidable, el autor recuerda la tenue frontera que separa lo animal, lo instintivo, de lo que se ha dado en llamar humano. La figura del perro humanizado no es ajena a la mejor literatura. Como ejemplos, sin ánimo de exhaustividad, sirvan Esopo, con sus Fábulas; Cervantes, con El coloquio de los perros; E.T Hoffman, autor germano, Las últimas noticias de la suerte del perro Berganza (1814) o más recientemente Paul Auster, con Timbuktú y su perro Mr. Bones, o incluso Fernando Delgado, profesor de nuestro y de Rafa, con Me llamo Lucas y no soy perro, por citar algunos ejemplos. Es un recurso al que el autor recurrirá en varias ocasiones, sobre todo en la segunda parte del libro (v. gr. El bucle, Fauna, Vendetta canina o Las desventuras del hombre con un perro llamado Beckenbauer). Siguen a continuación diversos relatos sobre sueños cumplidos, sueños solidarios (Un sueño para Ana), sueños rotos, sueños con tintes de pesadilla, sueños que invitan a seguir soñando porque no son sino un reflejo de una realidad monótona y asfixiante (El sueño eterno?). Entre ellos destaca por su originalidad Mi querido cadáver, un sueño que invita a tomar conciencia de lo que supone el hecho de estar vivos. El punto final a esta parte lo pone El trapecista insomne, un relato sobre el amor. Amar es tanto como saltar al vacío sin certezas. Sobre todos estos sueños predomina otro no expresado, el sueño de ver cumplido un sueño, el de escribir para ser leído.

Luego de los sueños, llegan los desatinos, las incongruencias aparentes de la vida. La crítica social (Murió joven) se alterna con la incitación a la risa, una risa que, como en Jazzasesinato, constituye la impronta personal del escritor.  La risa que suscitan los relatos de Sastre tiene la virtud de relativizar lo inevitable sin descuidar en su caso la tendencia a la denuncia social de la injusticia. En esta parte de la obra, pese a los desatinos y errores que cometemos en nuestro paso por la vida, el escritor se permite hacer ciertos guiños a lo onírico (El banquete, De todo lo visible e invisible), cogiendo desprevenido al lector. Detrás de los relatos, apenas esbozado, se observa el reflejo del escritor como en un juego de espejos. Con el autor, que tiene poco de omnisciente (El bucle, sobre las dificultades del proceso creativo), juegan los personajes, que en ocasiones se rebelan contra su creador (metaliteratura). La obra se cierra de nuevo con un microrrelato en la que Sastre vuelve de nuevo a introducir el elemento animal, al que se une un arquetipo femenino, la luna llena, para recordarnos la importancia de lo instintivo y del principio femenino, eminentemente creador.

Sueños y desatinos tiene, por tanto, el mérito no sólo de hacernos reír y reflexionar a un tiempo, en tanto nos recuerda la fugacidad de la vida y la necesidad de sobreponerse a las dificultades cotidianas para intentar arañar una pizca de felicidad (El experimento, Triste destino); todo ello sin olvidar nuestro compromiso de mejora, que ha de proyectarse sobre la realidad circundante.

Para terminar, parafraseando uno de los desatinos del autor, que no siempre son tales, en nuestra mano está llenar la página en blanco de nuestras vidas. Soñar, atreverse, experimentar, levantarse tras cada caída, reír, amar, dejarnos llevar, recuperar en suma nuestra parte más primitiva para ser felices y hacer más felices. Porque, a diferencia de las emociones, que son fugaces, la felicidad es un estado y también una opción.

fernando

Rafa Sastre, al fondo a la derecha, en el taller de escritura creativa de la UV, con F. Delgado (2015).

AGHerrera

 

 

 

[1] CASTELLS, M., (2009), Internet y la Sociedad Red, Lección inaugural del programa de doctorado sobre la sociedad de la información y del conocimiento, La factoría, nº 14-15, disponible en htpp://www.revistalafactorai.eu/articulo.php?id=185,

[2] (1998) Consilience, The Unity of knowlegde, New York: Alfred A. Knopf. First edition.